El infierno de los republicanos españoles exiliados en África del Norte
En los últimos días de la guerra civil española (1936-1939), miles de republicanos españoles se refugiaron en el Magreb colonial. Recluidos y destinados luego a los trabajos forzados bajo la Francia de Vichy, vivieron una historia trágica y aún hoy poco conocida.

RECLUIDOS POR LA TERCERA REPÚBLICA FRANCESA
Si bien un puñado de republicanos son recibidos por sus allegados en Orán, que posee una fuerte comunidad hispánica, a partir del 10 de marzo de 1939 el gobierno de la Tercera República Francesa que administra África del Norte le pone un freno a su llegada. Desde hace un año, los decretos-leyes Daladier regulan la entrada de refugiados: clasifican entre “la parte sana y dedicada al trabajo, y los indeseables de la población extranjera”, imponen arrestos domiliciarios y reclusiones en centros de internamiento… El mismo esquema será retomado en Argelia, Marruecos y Túnez. Mientras el alcalde de Orán celebra con gran pompa la victoria franquista, una parte de los republicanos son mantenidos por la fuerza en embarcaciones convertidas en barcos-prisiones. Quienes logran desembarcar permanecen en carpas, sobre todo en el muelle distante de Barranco Blanco. Eliane Ortega Bernabeu, cuyo abuelo estaba a bordo de uno de esos barcos, el Ronwyn, relata: “Estaban totalmente aislados, apartados de los habitantes. Sin embargo, algunos oraneses venían a ayudarlos, les traían comida, que subían a bordo de los navíos utilizando cuerdas. En cambio, otra parte de la población no quería recibir a esos españoles, porque les preocupaba la enorme cantidad que eran. El alcalde de la ciudad, el padre Lambert, era amigo de Franco. Contribuyó enormemente a crear un clima de temor en la población”. En el puerto de Orán, la situación se eterniza: miles de republicanos permanecerán allí más de un mes, en condiciones de insalubridad y subalimentación total.
TRABAJOS FORZADOS
En Túnez, los marinos y los civiles de la flota republicana también son apartados de la población. Rápidamente son enviados en tren hacia el centro del país y a campos de internamiento, sobre todo el de Meheri Zebbeus. En Argelia, luego de desembarcar, los refugiados también son llevados a campos de internamiento: “Había civiles, obreros, sindicalistas encerrados detrás de alambre de púa, y bajo la amenaza constante de las bayonetas”, señala Eliane Ortega Bernabeu. En los numerosos campos, la mayoría de los cuales se encuentra en territorio argelino, se aplica la misma legislación que en la metrópoli. Peter Gaida, historiador alemán y autor de varias obras sobre los campos de trabajos forzados y los republicanos, explica: “Los exiliados son considerados como peligrosos para la defensa nacional, están obligados a ofrecer prestaciones a cambio del asilo: una parte de ellos va a los campos de internamiento, la otra a las Compañías Trabajadores Extranjeros (o CTE)”. Se trataba de prestaciones legales, ya que Francia estaba en guerra y los franceses también eran requisados. En Argelia, las mujeres, los niños y también los minusválidos fueron enviados a varios campos: Carnot (Orleansville) o Molière eran los más conocidos. Los combatientes iban a Boghar y Boghari, donde eran alistados para satisfacer las necesidades de mano de obra de la potencia ocupante. Su fuerza de trabajo fue utilizada principalmente para renovar caminos en la región de Constantina y para explotar las minas de carbón y de manganeso en el sur de Orán.
EL TRANSAHARIANO, UN VIEJO SUEÑO COLONIAL
Los dirigentes de la Tercera República Francesa deciden entonces conectar las minas de Kenadsa, situadas al sur de Orán, con los ferrocarriles marroquíes. Dos mil republicanos españoles y miembros de las Brigadas Internacionales integran la Compañía General Transahariana para construir las vías en el desierto. En su libro Camps de travail sous Vichy (“Campos de trabajo bajo el gobierno de Vichy”, editorial Les Indes Savantes, que se publicará en francés en junio de 2021), Peter Gaida publica el testimonio de uno de ellos, internado en el campo de Colomb-Béchard, en Argelia: “Nos enviaron a cuatro kilómetros del oasis para quitar la arena de una enorme duna petrificada de más de 2.000 metros de largo. La temperatura era asfixiante, más de 40º a la sombra, el agua era escasa y estaba caliente. Así comenzaron las disenterías, las crisis de paludismo, los vómitos y los fuertes dolores de cabeza”.
EL HORROR DE LOS CAMPOS
La mano de obra es ideal: las Agrupaciones de Trabajadores Extranjeros (Groupements de Travailleurs Étrangers, GTE, sucesores de los CTE) disponen de un marco legislativo represivo, una sutil alianza entre el colonialismo y el fascismo. En Marruecos, Túnez y Argelia se crean campos de internamiento. Pero los republicanos españoles no son los únicos que serán enviados a las diferentes construcciones: “Desde los campos franceses, como el de Vernet, serán deportados a los de África del Norte, en barco, anarquistas y comunistas franceses, miembros de las Brigadas Internacionales y personas con perfiles muy diversos. Para Vichy, ‘se trata de boca inútiles y de brazos necesarios’”, explica Peter Gaida.
LIBERACIÓN DE FRANCIA, ASISTENCIA AL FRENTE DE LIBERACIÓN NACIONAL
El desembarco de los aliados en África del Norte en noviembre de 1942, conocido con el nombre de “Operación Torch”, reconfigura la situación: la incertidumbre se instala en el gobierno francés, y los generales Henri Giraud y Charles de Gaulle se disputan el control de Argelia y de Marruecos. En Túnez ingresa la Wehrmacht, que permanecerá seis meses: “Durante ese período de ocupación alemana, una parte de los republicanos españoles huyeron hacia Argelia, los otros intentaron disimular su identidad. Los que fueron atrapados fueron enviados a los GTE, en la región de Kasserine”, explica Victoria Fernández. Otros republicanos hacen el camino inverso desde Argelia y Marruecos. Peter Gaida escribe: “Les proponen firmar un contrato de trabajo, volver, o tomar las armas. Así que muchos se alistan en las fuerzas vinculadas a la Francia Libre, y atacan a las fuerzas alemanas en Túnez. Luego de la partida de la Wehrmacht del país, algunos desembarcan en Sicilia, y volvemos a encontrar rastros suyos en las fuerzas de la Francia Libre en Provenza. De modo que, luego de ser refugiados de la Guerra Civil Española, de haber sido internados por la Tercera República y de haber sido trabajadores forzados bajo el gobierno de Vichy, terminan combatiendo por la liberación de Francia. Un destino pocas veces valorado, del que son víctimas y a la vez héroes”. En 1943, una parte de los republicanos españoles partió hacia Casablanca, antes de embarcar para México o América del Sur. “Otros se quedaron, como mi familia. En realidad, pensaban que Franco terminaría siendo depuesto, dormían con la valija debajo del colchón”, recuerda Eliane Ortega Bernabeu. Su nacimiento en Orán en 1954 coincide con el comienzo de la guerra de liberación nacional en Argelia: “No soy una pied-noir, en primer lugar porque es un término colonial, pero también porque no soy francesa. Soy una española de Orán. Los republicanos llevaban consigo los valores democráticos, así que se oponían firmemente al colonialismo. Para ellos, la explotación de un pueblo por otro era un horror. Mucho más tarde, me di cuenta de que mi padre pagaba su cuota en el Frente Nacional de Liberación. Él y los otros veían la pobreza de los indígenas, la explotación, la tortura. Automáticamente se adhirieron a su combate”.

El infierno de los republicanos españoles exiliados en África del Norte. Laurent Perpigna. 14/04/2021. Orient XXI